Jeison Liranzo
También la lluvia fue una película increíble, pero también me dio un gran pique debido a la ironía de que el equipo de filmación porque ellos querían representar los trágicos eventos de la colonización, pero al través contribuyeron a la colonización, el clasismo y la explotación que estaba sucediendo en Bolivia. Para empezar, esta película se trata sobre un equipo de filmación que quieren filmar una película sobre la colonización de las Américas por parte de Cristóbal Colón. Entre la filmación, los actores y el equipo se encuentran en el medio de una lucha que está pasando en la vida real de la población local. El pueblo boliviano está protestando contra la privatización de su suministro de agua, lo que crea una historia paralela de la explotación de la población indígena en el pasado y el presente que refleja la explotación actual de los recursos. Antes de comenzar a analizar la película, diré que mi cosa favorita de la película tendría que ser el desarrollo del personaje de Costa.
La película comienza con un grupo de indígenas que hacen fila debido a un cartel que prometía dinero y comida si participaban en la película. Desde el principio se nos mostró que Sebastián era una persona solidaria mientras que Costa era un imbécil. Unos minutos después se nos presenta el problema que estaba sucediendo en el pueblo con los indígenas que tenían que pagar grandes cantidades de dinero para tener acceso a agua que ni siquiera estaba limpia, por lo que los indígenas del pueblo comenzaron a construir su propia fuente de agua, lo que la policía estaban tratando de detener.
Alrededor de los minutos 20 a 30 fue cuando vimos por primera vez la yuxtaposición de clasismo entre el equipo de filmación y los indígenas. Mientras que el equipo de filmación, que eran todos blancos, estaban de fiesta jugando hacer creer y usando la cultura de los indígenas como entretenimiento, por ejemplo, preguntándole a la mujer cómo se dicen algunas palabras en el idioma quechua, al contrario los indígenas estaban luchando contra la policía por su derecho humano a agua limpia y gratuita. Más tarde, María le preguntó a Costa si podían filmar lo que estaba sucediendo y al principio pensé que quería filmarlo para difundir lo que estaba sucediendo en Bolivia para que pudieran recibir ayuda, pero luego me di cuenta de que solo quería hacerlo porque creía que si ellos filmaban lo que estaba sucediendo ellos podrían generarse dinero. En la misma escena vemos cómo a Costa no le importaba lo que le estaba sucediendo a los indígenas del pueblo porque no tenía nada que ver con él, lo que solo demuestra su privilegio y arrogancia.
En la siguiente escena, minuto 34, Costa le dice a Daniel que deberían poner una pausa a la protesta porque no quería que se lastimaran antes de que pudiera terminar la película. Lo que me enojó por la audacia de decirle a alguien que está luchando por sus derechos humanos que haga una pausa solo para terminar una película tonta. Costa luego recibe una llamada y comienza a hablar en inglés sobre cómo está explotando a los indígenas y se ríe de eso. Mientras tanto, Daniel, quién Costa asumió que no entendía inglés, escuchó todo y se fue enojado.
Más adelante, en el minuto 53, Sebastián, que conoció al presidente junto con su equipo, intenta hablar con el presidente sobre lo injusto que es aumentar sus impuestos sobre el agua, pero el presidente lo despide una y otra vez. Esta escena demuestra que Sebastián es un buen tipo que tiene en mente los derechos de los pueblos indígenas y que quiere ayudar.
En los minutos 50 a 70 Costa fue a la casa de Daniel para sobornarlo con dinero para que detuviera la revolución hasta que terminaran la película porque no quería que se cancelara la producción de su película, así que le ofreció 5 mil dólares que Daniel aceptó, pero terminó simplemente tomando el dinero y continuó la protesta de todos modos y en mi cabeza todo lo que podía pensar era Haci mismo. Más tarde no pudieron encontrar al elenco hasta que se dieron cuenta de que el elenco protestaba por las noticias y viendo la noticia el equipo de filmación empezaron a llamar a las personas indígenas animales. Vieron que Daniel fue capturado y querían sacarlo de la cárcel solo para que terminara la película y aceptaron una oferta que el general se lo podía llevar de regreso a la cárcel una vez que terminaran la producción. Esta escena me molestó mucho porque Costa estaba bien con enviar a Daniel de regreso a la cárcel sabiendo la tortura a la que lo hiban a sometido si lo enviaban de regreso a la cárcel, pero todo lo que le importaba a Costa era su película y aceptó la oferta.
La escena en la que vemos el desarrollo de Costa fue alrededor de la hora 1 minuto 18 cuando la esposa de Daniels le pidió que fuera a salvar a su hija y él aceptó su requesta a pesar de lo peligroso que sería, mientras que a Sebastián, que se suponía que era el bueno de los dos, no le importaba si la hija se moría o no, solo quería que el equipo y él regresaran a España para que pudieran terminar la película. Esto me hizo odiar a Sebastián y simpatizarme un poco con Costa porque fue como si los lugares de los dos se intercambiaron Costa se volviera más amable y Sebastián se volviera malvado.
En conclusión, me gustó la forma en que la película maneja la narración de la historia en manera de crear un paralelo entre el presente y el pasado. Y, en serio, no voy a mentir, la película que ellos estaban filmando se parecía interesante. La escena en la que el padre de la niña es asesinado en la película que estaban haciendo y la escena en la que tuvieron que dejar atrás a la anciana, Dios mío, me hizo llorar.
Julia Krzysztalowicz
La película También la Lluvia dirigida por Icíar Bollaín, aborda una gran complejidad de temas en relación al colonialismo tanto como el neo-colonialismo. Es particularmente fascinante como la estructura de la película tiene varias capas que hasta el argumento mismo se trata de un argumento dentro del otro. En la película misma, los protagonistas son directores de una película aspirante sobre la llegada de Colón y el encuentro con los taínos. Los directores quieren demostrar las verdades del colonialismo sin darse cuenta que ellos mismos tienen unos sesgos ignorantes. Por ejemplo, los directores se dan cuenta que el lugar de donde sacan los actores que jugarán el papel de los “taínos” es Cochabamba, Bolivia. La gente que vive allá es mayormente gente indígena que habla Quechua. Adicionalmente, lo más clave es que los directores al principio sienten que no les debería afectar ni importar la crisis de la privatización del agua en Bolivia (por una empresa transnacional estadounidense) que estaba pasando al mismo tiempo que los directores en la película estaban grabando su película dentro de la película. De hecho, les molesta que algunos, como su actor protagonista Daniel, vayan a manifestaciones contra la privatización. Sin embargo, a lo largo de la película vemos como los directores, esforzados de estar metidos en el medio de un ambiente político pero más que nada una lucha de sobrevivencia, empiezan a entender la importancia de las protestas. Entienden los paralelos entre el colonialismo y el colonialismo de la empresa privada estadounidense. Entienden que las dos luchas son por los derechos humanos más básicos. Es aquí cuando la película toma acción y adquiere un significado muy meta. Los directores europeos (no todos) en cierto sentido adoptan el papel de Bartolomé de las Casas y van defendiendo los derechos de la gente de Cochabamba. Al final en un momento muy clave con mucho conflicto, deciden dejar de grabar la película y utilizar sus privilegios y recursos para encontrar a la hija de Daniel, que fue secuestrada y la reúne con su familia. Se muestran escenas de las protestas y batallas pero un efecto que quizás más captura le estructura de sentimiento es que al final se repite la palabra “Yaku”, la palabra Quechua para decir “agua” en castellano. Es una decisión fuerte de reclamar el recurso más fundamental, yaku, con una palabra de un idioma que, como el agua misma, ha estado allá por más tiempo que cualquiera empresa y cualquier imperio del norte global. Alfredo Martínez-Expósito lo resume perfectamente cuando dice “Even the Rain and Sebastián’s film-within-a-film are the kind of prestige coproductions which paradoxically seek to counter North American hegemony whilst simultaneously courting its approval” (Martínez-Expósito, 8)